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El 2 de enero
  

EL Dulcísimo Nombre de Jesús


EL Dulcísimo Nombre de Jesús
EL Dulcísimo Nombre de Jesús

La Iglesia ha dispuesto se celebre esta fiesta al día siguiente de la octava de la Epifanía, a fin de honrar por modo especial el nombre de Jesús, que es Nombre verdaderamente divino, que sólo Dios pudo imponer al Salvador del mundo. Nombre venerable, que hace doblar la rodilla a todas las grandezas de la tierra. Nombre sacrosanto, que pone en fuga a los espíritus diabólicos. Nombre omnipotente, en cuya virtud se han obrado los mayores milagros. Nombre salutífero, de quien reciben en cierto modo toda su eficacia los Sacramentos de la Nueva Ley. Nombre propicio, pues todo lo puede con Dios, y por respeto al nombre Jesús oye benigno nuestras oraciones. Nombre glorioso, extendido por el celo de los Apóstoles a todos los gentiles y a todos los reyes de la tierra. Nombre augusto, por cuya confesión los santos mártires se gloriaron en sufrir cruelísimos tormentos. Nombre, en fin, incomparable, pues no hay otro debajo, del Cielo en cuya virtud podamos ser salvos. Alabémosle, pues, y bendigámosle en todo tiempo.

Fue en el día de Su Circuncisión, según la Ley de Moisés, que el divino Niño de Belén recibió el Nombre de Jesús, en el octavo día después de Su nacimiento. El ángel Gabriel se lo había asignado de antemano el día de la Anunciación: «Le llamarás Jesús, porque librará a Su pueblo de la esclavitud del pecado».

¿Quién dirá la grandeza de su significado?, ya que significa Salvador; la grandeza de su origen, ya que fue traído del Cielo; su grandeza en la tierra, donde siempre ha obrado y sigue obrando tantas maravillas; su grandeza incluso en los infiernos donde hace temblar a los demonios. ¿Quién hablará de su poder, ya que es por este Nombre que la Iglesia ora, que administra los sacramentos y da sus bendiciones, y que los Apóstoles y los santos han realizado multitudes de milagros? ¿Quién dirá su dulzura, sus encantos, su bondad, ya que los Santos le han cantado tan bien y los cristianos lo han invocado y lo siguen invocando con tanta confianza, fruto y amor?

Que el Nombre de Jesús esté a menudo en nuestros labios, y siempre en nuestros corazones durante la vida! Que sea nuestra esperanza y nuestra última palabra en la hora de la muerte, nuestra alegría y nuestro canto eterno en el Cielo.