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El 27 de septiembre

Santos Cosme y Damian
Santos Cosme y Damian

Santos Cosme
y Damian
Mártires
(† 300)

Estos Santos, cuyos nombres significaban respectivamente "adornado y soñador", eran llamados Anárguiros, sin dinero. Ejercían la medicina sin cobrar. Daban mucho sin recibir nada. Su madre Teodora les educó en la virtud.

Según el martirologio romano, en Egea, ciudad de Arabia, los santos hermanos gemelos Cosme y Damián, sufrieron diversos tormentos en la persecución de Diocleciano. Fueron cargados de cadenas, arrojados a la cárcel, pasados por el agua y el fuego, crucificados, asaeteados y decapitados.

San Gregorio de Tours consigna el valor taumatúrgico de estos santos hermanos médicos, sobre todo para curar las enfermedades del alma. "Espantaban las enfermedades por el solo mérito de sus virtudes y de la intervención de sus oraciones. Coronados tras diversos martirios, se juntaron en el cielo y hacen a favor de sus compatriotas numerosos milagros". Juntamente con Cosme y Damián murieron sus hermanos, Antimo, Leoncio, Eupropio.

Según otras fuentes, fueron martirizados y enterrados en Ciro, ciudad de Siria, cerca de Alepo. Teodoreto, obispo de Ciro, en el siglo V, alude a la maravillosa basílica que estos santos mártires tenían en la ciudad.

San Cosme y San Damián se cuentan entre los santos más famosos de la antigüedad. Esto explica la multitud de basílicas delicadas a ellos, como en Constantinopla, en Jerusalén, en Egipto, en Tesalónica, en Edesa, en Capadocia, en Mesopotamia y prácticamente en todo el Oriente Cristiano.

Pronto su culto se extiende a Occidente, de lo que hay muestras abundantes en Ravena, Verona y en el oracional visigótico. En Roma sobre todo gozaron de una popularidad excepcional, tanto que sus nombres forman parte del canon romano y llegaron a tener hasta diez iglesias dedicadas.

Concretamente el Papa Símaco (498-514) les consagró un oratorio en el Esquilino, que luego se convirtió en abadía. San Félix IV, hacia el año 527, transformó para uso eclesiástico dos célebres edificios antiguos, la basílica de Rómulo y el templum sacrum urbis, situados en la Vía Sacra, en el Foro, dedicándoselos a los dos médicos anárguiros.

Esta iglesia de San Cosme y San Damián en el Foro, restaurada por el Papa Barberini, Urbano VIII, en el año 1631, es una de las más bellas de Roma. En el ábside un antiguo mosaico representa a Cristo "con unos ojos grandes que miran a todas partes", como dice el epitafio. A uno y otro lado están los hermanos médicos, prontos a escuchar a sus devotos.

Llama la atención la multitud de milagros que se atribuyen a los santos antiguos. ¿Por qué hoy no obran tantas maravillas? ¿Es que nuestros antepasados eran unos ingenuos? ¿O será que no tenemos aquella fe que tenían ellos, aquella fe evangélica que trasladaba las montañas?

Desde luego lo que importa es que no se apague la fe. El Señor está dispuesto a seguir obrando prodigios, pero requiere la fe para realizarlos. En los Evangelios se cuenta que algunas ocasiones El Señor no hizo milagros por la poca fe de los presentes, por su escasa disposición.

La antigua liturgia hispana rezaba así: "Oh Dios, nuestro médico y remediador eterno, que hiciste a Cosme y Damián inquebrantables en su fe, invencibles en su heroísmo, para llevar salud a las dolencias humanas, haz que por ellos sea curada nuestra enfermedad, y que por ellos también la curación sea sin recaída". Con esta confianza rezaban los fieles.

A San Cosme y San Damián se les considera patronos de los médicos, junto con San Lucas y San Pantaleón, y de los farmacéuticos.

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