Vida de los Santos

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El 30 de agosto
  El 23 de agosto

Santa Rosa de Lima

Virgen
(1586-1617)

Santa Rosa de Lima
Santa Rosa de Lima

El Papa Clemente X, en la Bula de canonización de Santa Rosa, decía: "A la ciudad de los Reyes, como se suele llamar a Lima, no le podía faltar su estrella propia que guiara hacia Cristo, Señor y Rey de Reyes". Esta guía sería ella, la gran protagonista de esta encantadora historia.

Rosa siempre quiso encerrarse en un monasterio o ir por el mundo predicando el evangelio, pero no era esta la voluntad de Dios y la acató muy gustosa. Por ello solía decir: "Lo que daría yo por anunciar el Evangelio. Iría a través de las ciudades predicando penitencia con los pies descalzos, el crucifijo en la mano y el cuerpo cubierto de un cilicio espantoso. Caminaría durante la noche gritando: Abandonad vuestras iniquidades. ¿Hasta cuándo seréis como rebaños atolondrados? Huid de los eternos castigos: pensad que sólo hay un instante entre la vida y el infierno"...

Su padre, Gaspar Flores, y su madre, María de Oliva, son bendecidos por el Señor en un veinte de abril con esta hija que iba a darles tanta gloria, no solamente a ellos, sino a toda la nación del Perú y aun a toda la Iglesia. Eran buenos pero nada de sobresalir de los demás ni por sus riquezas ni santidad de vida. Al nacer, por voluntad de su abuela, le fue impuesto el nombre de Isabel, pero un día, cuando era pequeñina, al tomarla su madre en brazos le pareció que su rostro estaba tan encendido y eran tan bello que parecía una rosa y dijo, acariciándola contra su corazón: "Hija mía, tú eres mi Rosa, Rosa venida del cielo y Rosa te llamarás para siempre".

Este hecho quedó enriquecido, y así se le llamó en todas partes, sobre todo desde que Santo Toribio de Mogrovejo, que desconocía su nombre, al colocar sus manos sobre la cabecita de la niña para bendecirla, le dijo: "Rosa, te bendigo de todo corazón". Cuando ya será mayor nadie recordará su nombre de pila y para que quede ella tranquila vendrá en su ayuda la misma Madre de Dios a quien Rosa acudía en todas sus necesidades y la amaba con toda su alma: "No sufras, hija querida, es mi voluntad que te llames Rosa de Santa María". Y más adelante, el mismo Jesucristo, con quien se desposó místicamente y con el que tenía coloquios llenos de afecto, le dijo: "Rosa de mi corazón, sé tu mi esposa".

Sus padres esperaban un ventajoso matrimonio de la belleza de su hija, pues verdaderamente era deslumbrante. Por donde pasaba Rosa se volvían las miradas para contemplar tanta hermosura. Sus padres le hacían frecuentar fiestas y banquetes para que llamara la atención de los jóvenes más ricos de la ciudad, Rosa obedecía pero sabía sacar provecho de estas fiestas. Debajo de su diadema de rosas colocaba un casquete con pinchos, en forma de corona de espinas. Y bajo sus vistosos vestidos colocaba cilicios y otros instrumentos para macerar su cuerpo. En cierta ocasión y durante un baile, se desmayó. La sacaron fuera y para que respirara desataron sus vestidos y se dieron cuenta de que estaba lleno su cuerpo de instrumentos de penitencia.

El 10 de agosto de 1616, a los 24 años, vistió el hábito negro y blanco de la Tercera Orden de Santo Domingo. Desde entonces todavía progresó más a pasos de gigante por el camino de la perfección. Depuso su confesor "que jamás, ni de día ni de noche, perdía la presencia de Dios en su corazón y que su alma nunca fue mancillada por el pecado venial".

El Señor le concedió la gracia de repetir en sí misma los atroces dolores de la Pasión de Cristo. En medio del dolor gritaba Rosa: "Aumentadme el dolor; pero, Dios mío, dadme paciencia". Era el 24 de agosto de 1617 cuando volaba al cielo, admirada en toda Lima y querida ya en todo Perú.