Vida de los Santos

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El 3 de marzo
  

Santa Cunegunda o Cunegundis

Emperatriz, Viuda
(† 1040)

Santa Cunegunda o Cunegundis
Santa Cunegunda o Cunegundis

Santa Cunegunda era hija de Sigfrido de Luxemburgo y de su santa esposa, Eduviges, quienes la educaron piadosamente. Cunegunda se casó con el duque Enrique de Baviera. Este le regaló un crucifijo oriental, idéntico, según parece, al que se halla actualmente en Munich. Algunos autores posteriores afirman que ambos esposos hicieron voto de virginidad el día de su matrimonio, y el Martirologio Romano repite esa tradición, pero los historiadores actuales niegan que haya pruebas suficientes en su favor. El cardenal Humberto, que escribió a mediados del siglo XI, no menciona dicho voto y atribuye la esterilidad del matrimonio a un castigo de Dios por las exacciones que Enrique cometió contra la iglesia. A la muerte del emperador Otón III, Enrique fue elegido rey de los romanos, San Wiligio le coronó en Mainz y Santa Cunegunda fue coronada dos meses después, en Paderborn. En 1013, fueron juntos a Roma para recibir la corona imperial de manos del Papa Benedicto VIII.

Según cuentan los hagiógrafos de épocas posteriores, Santa Cunegunda fue víctima de las malas lenguas, a pesar de la santa vida que llevaba, hasta su mismo esposo dudó de ella alguna vez. Comprendiendo que su posición exigía la reivindicación de su fama, la emperatriz decidió someterse a la prueba del fuego y atravesó ilesa una cama de carbones ardientes. Enrique le pidió perdón por haber dudado de ella y a partir de entonces vivieron estrechamente unidos, promoviendo de todas las maneras posibles la gloria de Dios y el progreso de la religión. Pero debe advertirse que no existen pruebas suficientes de esta leyenda.

Cediendo, en parte, a los grupos de Santa Cunegunda, el emperador fundó el monasterio y la catedral de Bamberga, que fue personalmente consagrada por el Papa Bendicto VIII. La emperatriz consiguió tales privilegios para la ciudad que, según la voz popular, los hilos de seda de Cunegunda la defendían mejor que todas las murallas. Durante una peligrosa enfermedad, la emperatriz prometió fundar un convento en Kafungen de Hesse, cerca de Cassel. Así lo hizo en cuanto recobró la salud y cuando murió su esposo, estaba ya a punto de terminar otro convento para las religiosas de San Benito. Según parece, la emperatriz tenía una sobrina joven, llamada Judith, a la que profesaba mucho cariño y a la que había educado con gran solicitud. Santa Cunegunda nombró a Judith superiora del nuevo convento, no sin haberle dado antes muchos buenos consejos. Pero la joven abadesa empezó a dar muestras de laxitud y frivolidad, en cuanto se vio libre de la tutela de su tía. Era la primera en acudir al refectorio y la última en llegar a la capilla y prestaba oídos a toda clase de habladurías y las propagaba.

Inútiles resultaron todas las reprensiones de Santa Cunegunda. La crisis estalló el día en que la abadesa, en vez de asistir a una procesión dominical, se quedó a pasar el rato con otras religiosas jóvenes. Llena de indignación, Santa Cunegunda reprendió ásperamente a la culpable y aún la golpeó. Las marcas de los dedos de la santa quedaron impresas en las mejillas de la abadesa, lo que ejerció un efecto saludable sobre toda la comunidad.

En el año 1024, el día del aniversario de la muerte de su esposo, Santa Cunegunda invitó a numerosos prelados a la dedicación de la iglesia que había construido en Kafungen. Después del canto del Evangelio, la santa depositó sobre el altar una reliquia de la cruz de Jerusalén, cambio sus vestiduras imperiales por el hábito religioso, y recibió el velo de manos del obispo de la ciudad. Una vez en religión, pareció olvidar que había sido emperatriz, y se consideraba como la última de las monjas, convencida de que eso era a los ojos de Dios. Nada temia tanto como aquello que pudiera recordarle su antigua dignidad. Oraba y leía mucho y se dedicaba especialmente a visitar y consolar a los enfermos. Así pasó los últimos años de su vida. Murió el 03 de Marzo de 1033. Su cuerpo fue sepultado en Bamberga junto al de su esposo.

Texto de: Ayuda Católica Feliz -- Fuente: Guinea, Wilfredo, S.J. Vida de los Santos de Butler. Collier, International, John W. Clute, S.A. México. 1965