Vida de los Santos

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El 3 de abril
  

San Ricardo

Obispo
(1197-1253)

San Ricardo
San Ricardo

Parece como si el Señor quisiera ya señalar desde la cura que algunos hombres pueden hacer obras grandes en este pequeño mundo.

La vida de nuestro protagonista San Ricardo no fue fácil desde que nació hasta su muerte. Le tocó vivir en una nación y en un tiempo en el que tanto la Iglesia como la misma sociedad atravesaba tiempos nada fáciles. Los obispos eran más bien como «lores» y amantes de las grandezas de este mundo. Los mismos monjes dejaban tanto que desear ya que estaban entregados al lujo y a la vida fácil con el detrimento que esto lleva a la vida de oración y entrega al Señor y a los hermanos. Sin embargo el lema de Ricardo fue siempre éste: «Austeridad, caridad y energía». Sí, fue muy enérgico y nunca se casó con la injusticia.

Nació por el 1197 en Wyche, no lejos de Worchester, en Inglaterra, de padres ricos y buenos cristianos. Lo enviaron a diversas partes para que realizara sus estudios en los que siempre sobresalió por su inteligencia y constancia. Pronto la prueba más dura iba a llegar. Siendo todavía muy jovencitos él y sus hermanos, murieron sus padres quedando en manos de familiares y tutores desaprensivos, ya que lo que les interesaba era apoderarse de la hacienda de aquellos desamparados muchachos.

Pero no sabían con quién se las jugaban. Ricardo abandonó los estudios y con gran firmeza y exquisito tacto se puso al frente de toda la herencia de sus padres para que el patrimonio familiar no quedara desamparado.

Una vez ya en orden las cosas, y seguro el patrimonio familiar, reanuda los estudios en las más famosas Universidades de Europa: Oxford, París, Bolonia... llamando la atención por su gran erudición y más aún por su ejemplaridad de vida con la que ayuda a muchos otros a seguir su ejemplo de una auténtica vida cristiana.

Despreciando la cátedra y las riquezas, se entregó al Señor y se ordenó sacerdote para ser más útil a la gloria de Dios y bien de las almas el año 1243. Al año de ser sacerdote, tantas eran sus cualidades, que, ya fue nombrado Obispo de Chichester por el arzobispo de Cantorbery, pero su nombramiento fue causa de duras calumnias y persecuciones por parte del rey Enrique III que quería seguir gobernando la Iglesia igual que gobernaba el Estado. El Papa Inocencio IV confirmó este nombramiento, pero a pesar de ello el rey dio órdenes muy severas contra él y contra los que lo ampararan. Todos le negaban alojamiento; caminó vagabundo por diversas ciudades hasta que se hizo obispo misionero, recorriendo pueblos y aldeas, predicando a Jesucristo y haciendo el bien que podía a todos los pobres.

El coraje de Ricardo no decae ante las dificultades y persecuciones de que es objeto por parte del rey y sus secuaces. Más de una vez se presentó valientemente ante el rey para echarle en cara - con palabras muy duras sus errores y sus injustas pretensiones contra los poderes de la Iglesia. El rey es intransigente, y se burla de él, pero Ricardo no decae. Más aún, él mismo alienta a los que no creen las patrañas del monarca y les dice que tengan paciencia que ya llegará el día que se haga justicia. San Ricardo supo defender con energía los derechos de la Iglesia y de los católicos, que ya en este tiempo eran atacados y querían ser absorbidos por la omnímoda autoridad del rey. Ya está iniciándose, aun a distancia de varios siglos, lo que a mediados del XVI surgirá como el cisma anglicano.

Junto con este coraje y carácter enérgico San Ricardo era todo bondad y caridad para con los pobres, los necesitados y los marginados. Él estaba siempre dispuesto a defender al más débil. Roma amenazó al rey que quedaría excomulgado si no reconocía a Ricardo como legítimo obispo de Chichester. Por fin era llegada la hora de la paz y reconocimiento de sus derechos. Ya estaba extenuado de fuerzas y le llegó su hora a primeros de Abril de 1253 mientras decía: «María, Madre de Dios y Madre de misericordia, defiéndenos del enemigo y recíbenos en el Cielo».