Vida de los Santos

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El 28 de junio
  

San Ireneo

Obispo y Mártir
(120-202)

San Ireneo
San Ireneo

La presentación que de Ireneo hacen los cristianos cautivos en las mazmorras de Lyon a sus hermanos en la fe de Jesucristo, que moran en Roma bajo la dirección y obediencia al Papa Eleuterio, es magnífica y nos da una primera biografía de este gran hombre: "Os rogamos -escriben al papa Eleuterio- que le atendáis y le escuchéis: está abrasado por el celo del Testamento de Cristo. Si supiéramos que un título puede conferir alguna justicia al que le lleva os lo hubiéramos presentado como un sacerdote de la Iglesia.

El mismo Ireneo, allá por el año 190, cuando ya está en plena madurez, escribirá a un amigo de la infancia, Florino, y le contará, en sabrosa carta, detalles de la niñez de ambos: "...Te recuerdo siendo yo niño en el Asia interior junto a Policarpo. Podría reproducir lo que nos contaba de su trato con Juan y los demás que vieron al Señor, y cómo repetía sus mismas palabras; lo que del Señor había oído, de sus milagros, de sus palabras, cómo lo habían visto y oído. Todo esto lo repetía Policarpo, y siempre sus palabras estaban de acuerdo con las Escrituras. Yo oía esto con toda el alma y no lo anotaba por escrito porque me quedaba grabado en el corazón y lo voy pensando y repensando, por la gracia de Dios, cada día."...

Ireneo, pues, recogió de labios de San Policarpo las enseñanzas del último Apóstol, San Juan Evangelista. Luego su testimonio es interesantísimo para llegar hasta Jesús con un solo eslabón de por medio.

Cuando todavía era muy joven, quizá con quince años, ya sufrió en su misma carne las sangrientas persecuciones de Adriano y Antonino Pío.

Por el año 157 encontramos a Ireneo en las Galias, enviado, quizá, por su maestro San Policarpo, para misiones de gran responsabilidad. Viene procedente de su patria, Esmirna, con ardiente fuego apostólico en su joven corazón.

En Roma pasó varios años entregado al apostolado y en defensa de la fe de Jesucristo en los tiempos que tanto abundaban las herejías contra ella.

Por los años 177 lo encontramos en Lyon al lado de un gran grupo de cristianos que están encarcelados por la fe que profesaban en el Señor Jesús. Son unos cincuenta y los preside su mismo Obispo Potino, oriundo también como él de Asia Menor y que hacía algunos años le había consagrado sacerdote para esta iglesia de Lyon que ahora sufre la más terrible persecución. No sabemos por qué Ireneo no ha sido todavía encarcelado y puede moverse alentando a unos y a otros para que perseveren en la fe cristiana. A este pueblo de Lyon y refiriéndose a esta ocasión, alguien les ha llamado "un pueblo de mártires". Muerto Potino los cristianos le eligen su obispo por el 180. Los desvelos del pastor se multiplican. Se entrega sin reservas a todos los que sufren en el cuerpo o en el espíritu. Han sido años muy duros los que han vivido y debe devolver la paz y la calma.

Ireneo haciendo gala del significado de su nombre, es apacible y pacificador. Hay un respiro en la Iglesia y se dedica a multiplicar las Comunidades. Si una cosa deberíamos resaltar de este santo Obispo sería la fidelidad a la fe recibida. El tiene un alto concepto de la Iglesia de Roma: "La más grande, la más antigua, por todos conocida, fundada por los gloriosos apóstoles Pedro y Pablo".

Escribió varios tratados para defender la fe contra las herejías reinantes. Por ellos se puede apreciar el fuego de amor a Dios y a la verdad que llenaba su alma. Recientemente, el P. Orbe ha escrito unos comentarios de gran autoridad sobre estos tratados. Parece que murió mártir por el 208 en la persecución de Septimio Severo. Su fiesta se celebra desde 1922 en toda la Iglesia.