Vida de los Santos

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El 13 de abril
  

San Hermenegildo

Mártir
(† 586)

San Hermenegildo
San Hermenegildo

El santo de hoy es el primer pilar de la unidad religiosa de España, aunque ésta no llegará hasta la conversión de su hermano Recaredo. El año 567, muerto el rey Atanagildo eligen para sucederle a dos hermanos: Liuva y Leovigildo. Seis años después queda solamente Leovigildo. Estaba casado con Teodosia hermana de los santos ilustres Isidoro y Leandro. Aunque era arriano, a sus dos hijos, Hermenegildo y Recaredo, los envió a Sevilla para que recibieran una digna educación en una ya famosa escuela que había instituido en aquella ciudad su cuñado San Leandro.

Hermenegildo y Recaredo estaban bautizados en la herejía arriana, pero, aun sin pretenderlo, iban asimilando la doctrina católica que veían practicar a sus tíos y algunos de sus compañeros.

Al morir Teodosia, Leovigildo volvió a contraer matrimonio con Gosvinda que en nada se parecía a Teodosia, no sólo en su fe, que era una fanática arriana, sino en su prepotencia, despotismo y otros vicios que tanto mal ocasionaron en el corazón de Leovigildo, su esposo.

El año 579 se celebraba una suntuosa boda entre Hermenegildo y la princesa y bellísima niña de doce años, Ingunda, nieta de Gosvinda. Todo parecía presagiar un encantador porvenir pero pronto se vio que la reina Gosvinda sería la ruina de aquella familia. Quería mandar en su nieta y esposa de su hijastro Hermenegildo. Intentaba dominarla y hacer de ella cuanto quería, sobre todo convertirla a su religión arriana. Ingunda era católica fervorosa.

Para que el mal no se extendiera Leovigildo entregó a su hijo Hermenegildo el gobierno de Sevilla y a esta bella ciudad vino a vivir nuestro santo con su esposa Ingunda. Fueron estos unos años maravillosos en los que Ingunda fue catequizando poco a poco a su esposo hasta que éste dio el paso definitivo y abjuró de todos los errores del arrianismo. Cuando llegó la noticia a Toledo, donde moraba Leovigildo, montó en cólera, y, sobre todo Gosvinda juró que ella acabaría con su nieta y con su hijastro. Fue una conversión sonada. Hermenegildo hasta hizo acuñar una moneda en la que mandó inscribir: «Haereticum hominen devita: Apártate del hereje».

Leovigildo organizó un ejército y se dirigió para atacar a su propio hijo. Éste pidió ayuda a otros monarcas y poderosos para defenderse de su padre. Hermenegildo, después de dos años de asediada Sevilla, se acogió al asilo de una Iglesia pues pensó: «Así evito que mi padre derrame la sangre de su hijo, que yo haga daño a quien me dio el ser». Leovigildo tramó una trampa para hacerse con Hermenegildo. A su hijo Recaredo le encomendó que quería entrevistarse con él y que nada malo le pasaría si pedía perdón a su padre. Creyó en estas buenas palabras Hermenegildo, y fue encarcelado y llevado de una a otra parte hasta ir a parar a la cárcel de Tarragona. Aquí pasa terribles pruebas pero él saca fuerzas de la oración y vida de penitencia a las que se entrega por completo. Un día recibe la visita de su padre quien le hace toda clase de lisonjeras promesas si vuelve al arrianismo. Él le desecha con valentía. Un ángel se le aparece y le confirma a la vez que le da la Comunión por la que tanto ansiaba Hermenegildo. El ángel a la vez le dice estas consoladoras palabras: «Has hecho bien, Hermenegildo. Sigue siendo fiel a tu Señor Jesucristo. Si perseveras en la fe que profesas, siempre recibirás ayuda de la gracia...».

Un obispo arriano intenta convertirlo y le lleva la comunión, pero Hermenegildo le desprecia ordenándole que salga de la cárcel, pues no necesita sus servicios. El 13 de Abril del año 586 el soldado Sisberto, por orden de Leovigildo, entra en la cárcel y de un hachazo cortó la cabeza de San Hermenegildo. Esta sangre producirá copioso fruto ya que poco después su hermano Recaredo se convierte y con él toda España a la religión católica.