Vida de los Santos

nuestros modelos y patrones

El 9 de mayo
  El 2 de enero

San Gregorio Nacianceno

Obispo
(312-389)

San Gregorio Nacianceno
San Gregorio Nacianceno

La vida de San Gregorio Nacianceno tiene un notable paralelismo con la de San Basilio. Gregorio era también de la región de Capadocia, y se le llama Nacianceno por haber nacido junto a Nacianzo, el mismo año que Basilio. Estudiaron juntos en Atenas, fue también monje y más tarde es nombrado patriarca de Constantinopla. Presidió el Concilio Constantinopolitano I, que fue el II ecuménico. En él se definió la divinidad del Espíritu Santo, contra Macedonio, y se proclamó el credo de la Misa, llamado nicenoconstantinopolitano.

Sus vidas, además de paralelas, son también complementarias. Basilio es más activo y emprendedor. Gregorio tenía más marcada afición al estudio, a la poesía y a la oración. Por eso renuncia a su sede y vuelve a su pueblo natal, para dedicarse sobre todo a la oración y a sus escritos teológicos, lejos del mundanal ruido. Murió el año 389, diez años más tarde que Basilio. Fue llamado el teólogo, por su rica doctrina y su elocuencia.

Como Gregorio le sobrevivió, escribió un elocuente sermón en alabanza de Basilio, en el que resalta la hondura, la fecundidad y calidad de su mutua amistad. "Nos movía un mismo deseo de saber, actitud que suele ocasionar profundas envidias, y sin embargo carecíamos de envidia. En cambio teníamos en gran aprecio la emulación. Contendíamos entre nosotros, no para ver quién era el primero, sino para averiguar quién cedía al otro la primacía. Cada uno de nosotros consideraba la gloria del otro como propia".

"Una sola tarea y afán había para ambos, y era la virtud, así como vivir para las esperanzas futuras, de tal modo que, aun antes de haber partido de esta vida, pudiese decirse que habíamos emigrado ya de ella. Ese fue el ideal que nos propusimos, y así tratábamos de dirigir nuestra vida y todas nuestras acciones, dóciles a la dirección del mandato divino, acuciándonos mutuamente en el empeño de la virtud. Y, a no ser que decir esto vaya a parecer arrogante en exceso, éramos el uno para el otro la norma y regla con la que se discierne lo recto de lo torcido".