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El 25 de marzo
  

La Anunciación del Señor


La Anunciación del Señor
La Anunciación del Señor
O.D.M. pinxit

Nazaret es uno de los lugares de Tierra Santa que se visita con más emoción. Concretamente, la gruta de la Anunciación. Aquí el Verbo se hizo carne, reza una inscripción de la Gruta, con la importancia que el adverbio aquí tiene en Tierra Santa. En el Antiguo Testamento se dan muchos encuentros de Dios con el hombre. En Nazaret se realiza el primer encuentro de Dios con el hombre en el Nuevo Testamento.

Y se realizará en María, la dulce doncella de Nazaret. Para redimir al hombre, va a tener lugar la Encarnación del Verbo. Para ello se pedirá a María su colaboración. Y María prestará su asentimiento, ofrecerá su carne y su sangre generosamente. Y nacerá Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

El Gran Mensajero, Excelentísimo Embajador San Gabriel, Patrono de los Diplomáticos y Embajadores, es él encargado de trasladar el Mensaje más trascendental de la historia. El Mensaje lo recibe María: «Dios te salve, llena de gracia... Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. María dijo al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues no conozco varón? El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo engendrado será Santo, y será llamado Hijo de Dios».

Se percibe en el diálogo serenidad y tensión. Silencio y reflexión de parte de la Virgen. Respeto y espera de parte del ángel. La propuesta está hecha. Pero Dios no quiere forzar la voluntad de María, que pudo haber rechazado lo que se le proponía. «No pudo ser negado a la segunda Eva lo que a la primera fue concedido: la posibilidad de decir sí o no» (Cabodevilla).

María sigue en silencio. El ángel sigue esperando. Y con él, todo el mundo. «Todo el mundo está esperando, Virgen Santa, vuestro sí. No detengáis más ahí al mensajero dudando. Dad presto consentimiento. Sabed que está tan contento de vuestra persona Dios, que no demanda de Vos sino vuestro asentimiento» (Cristóbal de Castillejo).

La actitud de María es activa y reflexiva. No se precipita. Pero cuando comprende que es la voluntad de Dios, se entrega sin reservas. «He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra... Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». Estamos aquí, más aún que en Belén, en el punto cero de la historia nueva. Por el Sí de María se ha realizado el Gran Encuentro, el mayor prodigio de la historia de todos los tiempos.

En la Biblia hay cuatro Fiat o Hágase que son las cuatro columnas del universo. Cuatro misterios en una palabra: Fiat. En los labios de la Trinidad, Creación. En los labios de María, Encarnación. En los labios de Cristo - en Getsemaní - Redención. En nuestros labios - en el Hágase del Padrenuestro - Salvación a través de la santificación. Son necesarios los tres primeros Fiat. Necesario también el cuarto: sólo mi Fiat completa la redención, como dice San Pablo. ¡Gracias, Madre, por haber dicho que sí!

La Encarnación es un misterio dinámico. Cristo desea vivirla otra vez en nosotros. La Beata Isabel de la Trinidad deseaba ser para el Señor como una humanidad complementaria, en la que se realizara de nuevo la Encarnación del Verbo. Cuando un alma responde Sí a Dios, Él baja al mundo.

El Evangelio debe repetirse en nosotros. También en nuestra vida hay ángeles, apariciones, mensajes, que podemos captar o se nos pueden escapar. Este es el dilema: conectar o no conectar. Cooperar o no cooperar. ¡Cuántas anunciaciones en nuestra vida, si supiéramos conectar con la onda de Dios!